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domingo, 15 de enero de 2012

L I N C E



Al amanecer de un día del mes de mayo del año 1975, yacían en el suelo y fuera de  su jaula, cuatro cachorros recién nacidos de tigres de Bengala, tres machos y una hembra.   La madre con indiferencia los había parido la noche anterior y no los amamantó………………
Rápidamente, se les improvisó una “cuna”, hecha con una caja de madera forrada con sacos y se trasladaron al domicilio de la veterinaria, para tratar de lograr que sobrevivieran y atenderlos durante las veinticuatro horas del día, como lo haría la “mamá tigresa”………………..Los malogrados ensayos anteriores, y la escasez de literatura específica, que hoy en día aún es escasa, hizo necesario que se aplicara el método de ensayo y error.  En esta delicada labor participaba toda la familia, alimentando a los cachorros, observando, anotando todos los detalles relacionados con los recién nacidos.
Para comenzar a alimentarlos, se les preparó una fórmula láctea ensayada en cachorros de perros, implantando un horario y tomando las medidas higiénicas que se siguen en la crianza de un bebé humano..
Durante los primeros trece días no se presentaron problemas.  Desde el primer momento aceptaron bien el biberón, tomaban con avidez, ganaban en peso y no presentaron trastornos gastrointestinales.
En el día catorce de vida, uno de los machos rechazó el alimento, comenzó con diarreas y pocas horas después murió. En la necropsia que se realizó pudo comprobarse que tenía alteraciones en los pulmones.   Ese mismo día se repite el cuadro clínico en otro de los machos, que también evolucionó fatalmente.
Cuatro días antes de estas manifestaciones, el tiempo había cambiado, fuertes lluvias se sucedían , la humedad ambiental era muy alta y los cachorros no podían tomar el sol como lo hacían diariamente, en horas de la mañana.
Aunque las medidas higiénicas y sanitarias se tomaron, faltaba la estabilidad de un ambiente cálido, y con la humedad relativa adecuada.  Para proporcionarles un mejor ambiente, se les colocó  una lámpara de calor cerca de la “cuna”, evitando que ocurriera otra muerte por este motivo.   Posteriormente a consecuencia de una bronco aspiración, por la avidez al ingerir el alimento,  murió la hembra de la camada.
Solo se logró un macho de este primer grupo de tigres de Bengala. Se le nombró LINCE.
El desarrollo de Lince fue progresivo y a los cuarenta y cinco días de nacido, se le trasladó al zoológico.  Allí se encontraba una leoncita, también abandonada y de la misma edad, que fue amamantada por una perra. Se unieron ambos. LINCE y TITINA.
Hasta que cumplieron el año de edad,se entraba con ellos en la jaula.  Nunca amenazaron o agredieron a los cuidadores o personal veterinario encargado de su atención.  En los días en que la exhibición se cerraba al público, se les sacaba a pasear por los jardines, sueltos los dos.  Correteaban y jugaban hasta cansarse, volviendo dócilmente a su jaula cuando la hora de la recreación terminaba.
Para aplicarles algún medicamento, aunque fuera inyectable, no era necesario inmovilizarlos, y en una ocasión, cuando Lince sufrió una fractura del fémur, a los ocho meses de edad, se le hizo el examen radiológico y la reducción de la lesión con  facilidad y sin necesidad de utilizar sedantes.
Lince era un cachorro cómodo y a veces “haragán”, que solo corría cuando veía a su criadora. Fue necesario suspenderle las visitas por el tiempo en que se le mantuvo en reposo, hasta tanto la fractura sanara totalmente.
LINCE y TITINA vivieron juntos en el zoológico, para disfrute de los visitantes  que observaban con atención a la inusual pareja que se acercaba a curiosear cuando alguien los llamaba.    No se reprodujeron. Tuvieron una larga vida felina…….

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