Ocho
rinocerontes negros, una especia en vía de extinción, fallecieron
durante un traslado al Tsavo East National Park en Kenia. Las
autoridades calificaron la tragedia como “un desastre nacional”.
El
Ministerio del Turismo de Kenia y la ONG Kenya Wildlife Direct
confirmaron el 13 de julio la muerte de 8 de los 11 rinocerontes negros
que eran trasladados desde Nairobi National Park y Nakuru National Park
hasta el nuevo santuario Tsavo East National Park. "El transporte
de los rinocerontes del Parque Nacional de Nairobi y el Parque Nacional
Nakuru hace parte de una estrategia nacional para gestionar nuestras
poblaciones de rinocerontes", explicó Paula Kahumbu, jefa de la ONG.
“Este es un nuevo santuario en Tsavo East. Antes vivían rinocerontes
allí, todos fueron robados y ahora estamos intentando aumentar la
población. Por lo tanto, es una posibilidad muy emocionante para Kenia.
Pero ha terminado en tragedia. Esto es en realidad un desastre
nacional", lamentó la experta. Una investigación preliminar hecha
por Kenya Wildlife Service concluye que los animales murieron por causa
de envenenamiento de sal después de haber bebido agua en su nuevo
hábitat. Pero Paula Kahumbu no excluye la posibilidad de negligencia,
mala condiciones de traslado o una reacción a los sedantes. Añadió
que “el Ministerio de Turismo está empezando una investigación y tomará
medidas contra cualquiera que haya estado involucrado en el traslado si
hay evidencia de negligencia". Esa cartera también informó que los
traslados de rinocerontes fueron suspendidos y los sobrevivientes
supervisados con atención.
El rinoceronte negro, una especie en peligro de extinción Según
la World Wildlife Fund (WWF), la población de rinocerontes negros en
Kenia disminuyó radicalmente desde el siglo XX por causa de la caza
furtiva y la pérdida de hábitat. Estudios muestran que entre 1960 y 1995
el porcentaje de población disminuyó el 98%. En 2017 había 1.258
rinocerontes en Kenia: 745 de esos eran rinocerontes negros, 150 blancos
del sur y 3 blancos del norte. Conservacionistas en Kenia y otras
partes de África están luchando para proteger a estas especias en
peligro, principalmente de los cazadores furtivos que roban los cuernos
para venderlos en mercados ilegales en Asia. La estrategia de
traslado es usada principalmente para traer o aumentar las poblaciones
de una especie animal en una área específica. Entre 2005 y 2017 Kenia ha
trasladado 149 rinocerontes y esta tragedia es el primer incidente que
resulta en el fallecimiento de estos animales. Con Reuters y AP
Zoológicos de Reino Unido, Dinamarca y República Checa se han unido
en una iniciativa para recuperar en su hábitat natural a los
rinocerontes. Cifras estiman que la población se redujo en un 90%
durante los últimos años.
Un
total de cinco rinocerontes de la especia conocida como negros del este
serán trasladados a Ruanda, África, como parte de un esfuerzo que
realizan diversas instituciones para salvar en ese país la subespecie
que se encuentra en peligro de extinción. Así lo dio a conocer el Safari
Park Dvur Kralove, de República Checa. Se pudo conocer que los
rinocerontes a ser trasladados serán tres hembras y dos machos. Los
mismos procederán del parque temático Flamingo Land de Gran Bretaña, del
Safari Ree Park ubicado en Dinamarca y el propio zoológico checo. Jan
Stejskal, representante del Safari Park checo, expresó que hasta hace
50 años en países como Etiopía, Somalia, Tanzania y Kenia era posible
observar animales de esta especie, pero que la cacería furtiva generó
una disminución en su población. Como
parte del proceso, los cinco rinocerontes serán reunidos en el
zoológico de República Checa en los próximos días con lo cual esperan
lograr la adaptación necesaria entre ellos previo a su traslado que se
realizará entre los meses de mayo y junio del año 2019. De acuerdo con las autoridades, este sería el traslado de rinocerontes más grande de Europa a África de los últimos años. En la actualidad, las autoridades calculan que hay cerca de 900
animales de esta especie en el mundo y alrededor de 90 de ellos están
distribuídos en 22 zoológicos del continente europeo. El zoológico
checo cuenta con un total de 16 rinocerontes negros orientales, lo cual
es calificado como el grupo más numeroso que hay en Europa.
Un lugar seguro para la recuperación de los animales De
acuerdo con la información del zoológico checo, los rinocerontes serán
trasladados al Parque Nacional de Akagera, en Ruanda. Este cuenta con
una extensión de 1.120 kilómetros cuadrados y en el mismo podrían
habitar alrededor de 150 animales. En la década de 1970 se
encontraban en sus sabanas unos 50 animales de esta subespecie pero
debido a la caza furtiva los mismos se extinguieron en el 2007. Desde
entonces se han realizado diversos trabajos e implementados medidas de
seguridad para que el parque esté apto para reintroducir los
rinocerontes. “Ruanda es un país que sufrió mucho en el pasado
pero ahora es un lugar seguro (…) Terribles cosas sucedieron en Ruanda
en la década de 1990 y tuvieron un impacto en los animales”, dijo
Premysl Rabas, director del Zoológico de Dvur Kralove. En el año
2017 las autoridades de Ruanda trajeron un total de 18 rinocerontes de
la especie que en la actualidad se han establecido en la zona sur del
parque. Con la llegada de los cinco procedentes de Europa se espera una
recuperación parcial de la población de rinocerontes para los próximos
años. Con EFE y AP
Judíos ocultos, entre 1940 y 1945, en el desván que estaba sobre la galería de los mamíferos carnívoros en el zoo de Ámsterdam.ARTIS
En ocasiones, Duifje van den Brink, una vecina de Ámsterdam, guiaba a los visitantes por Artis, el zoo de la ciudad,
un lugar que conocía bien. Buena parte de los curiosos eran soldados
nazis, que se relajaban durante la ocupación de Holanda (1940-1945). Lo
que no sabían es que su interlocutora, que hablaba en perfecto alemán,
era judía y se escondía de su persecución
en unas instalaciones de 1838, las más antiguas de Europa continental.
Estuvo allí cuatro años, y cuando los Aliados liberaron el país, pudo
salir por la puerta. Entre 250 y 300 personas se ocultaron a su vez en
el parque en huecos del recinto de los primates, los lobos o el acuario;
en altillos y desvanes. Al Ejército invasor le encantaba Artis, y nunca
pensaron que entre fieras y establos hubiera judíos, jóvenes escapados
de los trabajos forzados e incluso miembros de la resistencia.
Duifje
van den Brink es uno de los pocos nombres conocidos de una historia
relatada por Maarten Frankenhuis, veterinario, investigador y exdirector
del zoo entre 1990 y 2003, en su libro Overleven in de dierentuin
(Sobrevivir en el parque zoológico). En 1941, los empleados y miembros
de la junta directiva judíos tuvieron que abandonar sus puestos, y se
colgó el cartel de “Prohibido” para el resto de su comunidad,
concentrada en el barrio de Artis. En 1943, un grupo de resistentes
destruyó el censo de Ámsterdam para entorpecer las deportaciones, y el zoo (en pleno uso hoy) se afianzó como cobijo. De noche, si podían, los desaparecidos asomaban a tomar el aire. Henk Blok, que fue después médico de cabecera, se hizo espacio en el
cobertizo de los chimpancés, pero sus idas y venidas llamaron la
atención de su vecino, el gorila Japie. Para evitar que le
descubriera, se trasladó cerca de los lobos. “Como en todos los parques,
los animales tienen una parte donde recogerse para descansar con
diversas entradas y alturas, además de almacenes para la comida, y allí
se encajaron algunas personas. Parece imposible que nadie lo notara,
pero así fue. Al acabar la II Guerra Mundial, la gente que vivía
alrededor se asombró al descubrir que habían estado a un paso”, señala
Frankenhuis, de 76 años, en conversación telefónica. En 1939, Armand Sunier, el entonces director, “se dio cuenta de que
algo grave iba a pasar, y almacenó alimento seco, nueces y heno para
forraje, además de carne congelada”. Para las fieras, compró más carne
en los mataderos que no era apta para consumo humano. Sunier mantuvo las
apariencias con los nazis, y ello benefició a sus empleados y a los
perseguidos. “Hubo gente oculta en el zoo de Róterdam,
pero no tanta. En Ámsterdam, cuando llegaba un soldado demasiado
curioso, o una visita dudosa, avisaban a todos para que no se movieran
hasta pasado el peligro”. Además de tapadera, al mantenerse abierto, el
zoo sirvió de cierto desahogo a una ciudad invadida. Al principio de la guerra, se pudieron manejar con la escasa comida
de que disponían. La querencia de los nazis por el lugar ayudó a que no
les molestaran. Al final, sin embargo, en el Invierno del Hambre
(1944-1945) la situación se hizo insostenible. “Murieron unas 20.000
personas de inanición en el país, y se resolvió aprovechar lo que había:
cazaron ratas, gorriones, estorninos, palomas, patos salvajes… En el
parque aprovecharon a su vez esas aves, y la hija de un cuidador del zoo
le preguntó a su padre que cuántas palomas necesitaría para apagar su
hambre”, sigue el escritor. “A veces, se sacrificaba a un gran herbívoro
débil o en malas condiciones para repartir entre todos: animales y
personas. Mi madre era enfermera en una maternidad, y llegaban placentas
para los bichos”. El 5 de mayo de 1945, las tropas Aliadas liberaron
Holanda, “y los escondidos se dispersaron sin llamar la atención”. Maarten Frankenhuis no se olvida de apuntar “la tremenda historia” de
Jan Zabinski, director del zoo de Varsovia (Polonia), y de su esposa,
Antonina, que salvaron la vida de judíos polacos escondiéndolos en las
instalaciones. Episodio que narra la película La casa de la esperanza,
que se estrenó el pasado año protagonizada por Jessica Chastain. En la
despedida no lo dice, pero entre sus libros, el exdirector de Artis
tiene uno dedicado a su primo, Karel, que murió con sus padres en
Auschwitz, a los 7 años.
Cuatro lobos e igual número de osos pardos convivían sin problemas aparentes hasta este lunes en el parque de animales holandés de Dierenrijk Mierlo,
cerca de Eindhoven, al sur del país. Los habían puesto juntos hace años
de forma deliberada "porque es enriquecedor que aprendan a
relacionarse", según la dirección del zoo, y nunca se habían atacado
unos a otros. Esta
vez, sin embargo, una loba cayó a la charca del enclave, y cuando trató
de salir, uno de los osos se le abalanzó. Fue directo al cuello,
mientras otros dos congéneres aprovecharon para morder a su vez a la
presa. Una decena de visitantes contemplaron y filmaron la escena con
sus móviles, y aunque los cuidadores fueron avisados, no pudieron hacer
nada: la loba murió desgarrada. Poco después circulaba por YouTube la
grabación de lo sucedido.
Las imágenes son tremendas y desprovistas por completo del glamur de
los programas de animales, incluso los más realistas. Los responsables
del parque tuvieron que asistir a los espectadores más cercanos a la
pelea, que estaban agitados y con signos de ansiedad. "Nunca había
sucedido algo así. Lobos y osos jugaban y había armonía en el conjunto.
Algo pasó el lunes", dijo, poco después del incidente, Janneke van Gorp,
portavoz de Dierenrijk. "Es terrible y estamos muy tristes, sobre todo
por las personas que presenciaron los hechos. Pero estas cosas pasan
también en la naturaleza". La loba muerta tenía dos años y sus otros tres compañeros intentaron distraer a los osos
para facilitar su huida. No lo consiguieron. Los osos se lanzaron sobre
su presa con tal ferocidad que no hubo manera de apartarlos. De
momento, la dirección del parque ha decidido mantener juntos a ambos
grupos. Otros zoos holandeses los tienen también en su zona de bosque "y
se toleran bien", han asegurado fuentes de uno de ellos, el Dierenpark
Rhenen, en el centro del país. En la naturaleza no se suele ver juntos a
estos depredadores, aunque pueden compartir sus territorios. Dierenrijk fue inaugurado en 2004 y dispone de 16 hectáreas de
terreno. Se presenta como "un zoo familiar para contemplar a los
animales de cerca" y los niños pueden acompañar a los cuidadores en sus
rondas diarias y ver cómo los alimentan. Entre el centenar de especies
que alberga figuran desde alpacas y flamencos a mangostas, elefantes,
leones, tigres, pandas rojos, linces o chimpancés.
La leona 'Nala', en el recinto que la ONG AAP Primadomus gestiona en Alicante.AAP Primadomus
El destino de la leona Nala estaba escrito. Llegó al mundo
en cautividad y la intención de sus dueños, que regentaban un criadero
ilegal en Francia, era venderla a un circo en el mercado negro. Los
planes se torcieron gracias a una operación policial contra el tráfico de animales en marzo del año pasado. Nala fue rescatada junto a otros cinco leones y enviada a un centro de rescate que la ONG AAP Primadomus gestiona en Alicante. Un año y medio después ha puesto rumbo a su hogar definitivo: un santuario para felinos en Sudáfrica, donde ya le espera Saeed, un joven león recuperado en un zoológico arrasado por la guerra en Siria.
El caso de Nala
tendrá final feliz, pero otros animales no corren la misma suerte y
perecen en nefastas condiciones, actuando diariamente en espectáculos o
entre las rejas de un criadero cualquiera. Primadomus, una organización holandesa
que se financia fundamentalmente con las aportaciones de sus 160.000
socios, sostiene que experiencias como las de esta leona se podrían
evitar con una ley europea que prohíba el uso de animales salvajes en
los circos y su cría para dicho propósito. En España cuatro comunidades autónomas lo han suprimido ya: Cataluña, Baleares, Murcia y Galicia. Pilar Jornet, directora de Primadomus, subraya que "los espectáculos
circenses no ofrecen una imagen real de los animales salvajes en
libertad, ni una visión científica, ni educativa. Los circos no se adecúan a los estándares del siglo XXI porque perpetúan una práctica cruel e irresponsable". Nala,
que ahora tiene dos años y medio, regateó su suerte. Nunca pisó un
circo. Desde que fue recuperada por las autoridades francesas en un
estado físico "deficiente" ha vivido en el centro de rescate que la ONG gestiona en la ciudad alicantina de Villena, donde residen de forma temporal otros 20 grandes felinos y 110 primates.
África, con menos leones
"Necesitamos reubicar para rehabilitar nuevos animales", confirmaba
en la madrugada de este jueves Jornet mientras esperaba la salida del
avión comercial que ha transportado a Nala desde el aeropuerto
de Barajas hasta su nuevo hogar. Tras diez horas de vuelo, la leona, que
ha viajado en el interior de una caja con agua y comida homologada por
la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), ha llegado a
Johannesburgo, la capital de Sudáfrica. El santuario está a 227
kiómetros, en la ciudad de Belén, muy cerca de la frontera con Lesoto.
Allí Four Paws, organización que lo gestiona, cuenta con 1.250 hectáreas en la que viven en libertad leones, tigres, cebras, ñus y antílopes. La reserva es conocida como Lionsrock por la característica roca que domina el paisaje. Nala
vuelve así al lugar del que "nunca debieron salir sus ancestros",
denuncia Primadomus. Las cifras invitan al pesimismo: los estudios
publicados recientemente por la Royal Society de Londres y la Academia
Nacional de Ciencias de EEUU indican que las áreas de distribución del
león se han reducido un 94% en el planeta. En África, la población ha
caído un 38% en las últimas dos décadas y se estima que apenas quedan 15.000 ejemplares en libertad.
El león 'Saeed' en el santuario de Lionsrock, en Sudáfrica.Daniel BornFour Paws
Uno de esos felinos es Saeed, un león de la misma edad que Nala, a la que ya espera en Lionsrock. Saeed
también se crio en cautiverio. En julio del año pasado Four Paws lo
rescató junto a otros 12 animales en un zoológico de Alepo, donde había
sobrevivido a la devastación de la guerra siria. El Gobierno de Turquía
apoyó la evacuación y tras una breve estancia en este país, fue
rehabilitado en Jordania. “Creemos que pueden funcionar como pareja. Son
ejemplares de edad muy similar”, avanza Jornet. En su opinión, los
grandes felinos son animales sociales, pero dejan de serlo en
cautividad. “Deben hacer un esfuerzo por socializarse: tienen que
aprender cómo se comporta y se comunica su especie, por eso hay que ir
introduciéndolos uno a uno. Luego vendrán el resto”.
Alrededor de 30% de los ejemplares albergados en zoológicos de la Ciudad de México,
entre los propios animales y su descendencia, proviene de decomisos por
parte de autoridades que detectan animales silvestres en domicilios
bajo condiciones no aptas, afirmó Claudia Lewy Sánchez Aldana, titular de la Dirección General de Zoológicos y Vida Silvestre de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema). Esto significa que de alrededor de dos mil 212 animales, 663 llegaron
a consecuencia del proceso que conlleva tener algún ejemplar silvestre
en condiciones inadecuadas. En una entrevista con 24 HORAS, la funcionaria
señaló que si bien la Sedema no es la autoridad encargada de hacer
decomisos o de vigilar las especies que están en domicilios, sí tiene la
facultad de resguardar a las que les han conferido. Así, animales como reptiles, aves, primates y felinos, entre otros,
que estaban en casas particulares de la capital, llegan a los zoológicos
y ahí se quedan. Explicó que, en muchas ocasiones, los criaderos que venden los
animales protegidos están legalmente constituidos, es decir, no hay
delito alguno; sin embargo, puede ser que con el tiempo los dueños no
tengan las condiciones para mantenerlos. Al alcanzar la edad adulta y la madurez sexual es cuando pueden
convertirse en un riesgo para las personas; puede que las autoridades
reciban alguna denuncia o sean los propietarios quienes se acerquen
voluntariamente a las autoridades cuando ya no los pueden manejar. “Pueden conseguir cachorros como de león o de tigre, y cuando crecen
ya no tienen las condiciones en los domicilios para poder tenerlos. Hay
que entender que no son animales domésticos, aunque nosotros los
conozcamos desde muy pequeños y aunque se habitúan a estar con nosotros.
Siempre existen riesgos, porque son animales silvestres y nunca
perderán el instinto”, detalló.
Espacio limitado
Los zoológicos son centros de conservación dispuestos a recibir a las
especies, pero su espacio no es ilimitado y las instalaciones no
estarán siempre disponibles para recibir cualquier tipo de animal. “Esto también representa una alerta para los zoológicos de la Ciudad
de México, pues no hay espacios suficientes para colocar a todos los
animales que sean decomisados y eso ya lo vivimos con lo que ocurrido en
los circos”, consideró. En ese sentido, apostó a la concientización de los capitalinos. Una de las especies que recientemente se integró a la colección del Zoológico de Chapultepec es el mono capuchino que deambuló durante horas en Paseo de la Reforma. Sobre éste, la funcionaria explicó que debido a su corta edad fue
fácil integrarlo con animales de su especie. Actualmente, convive con un
mono hembra de su misma especie; “están haciendo un dúo”. Ayer la Sedema informó el nacimiento de una jirafa en este mismo
lugar. El ejemplar nació a principios de septiembre y ya puede ser
visitada en el Bioma Pastizales de dicho centro de conservación.